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PASADO PRESENTE FUTURO

3 noviembre, 2011

La Alta Costura es un laboratorio de creación que permite el estudio de las formas y los volúmenes. La inmensidad del universo y la microscopía celular, las computadoras y la geometría son mis fuentes de inspiración. El vestido que yo prefiero es aquel que he creado para el mundo del mañana.

PIERRE CARDIN (*)

Pierre Cardin, 1980

Para muchos, hablar de Pierre Cardin es referirse a los años 60’s, a la ropa estructurada con cortes geométricos que marcaron una época, aros caprichosos en los bajos de las faldas, termo-formados precisos que sólo se ven en la pasarela, las licencias que van desde lápices y plumas hasta un avión; para mí hablar de Pierre Cardin es recordar siempre aquella exposición en el Museo de la Estampa en 1993 (1) que definió mi destino para siempre, más adelante confesaré por qué.

En aquellos años en México la Moda no era ni por asomo una actividad de la que se hablara tanto como se hace hoy. Pocos eran los diseñadores mexicanos que aparecían en la prensa nacional y las secciones especializadas en los periódicos apenas y aparecían una vez por semana (en ocasiones yo esperaba la sección de Moda de “El Heraldo”, que aparecía en la última página de la sección de Sociales, y tenía una gran desilusión cuando al abrir el periódico me encontraba con un anuncio o con cualquier otro contenido). Conocí el trabajo de Cardin a través de Día Siete, el suplemento dominical de El Universal, y desde siempre me quedé fascinado con los volúmenes que se adivinaban en esa leyenda viva de la Alta Costura francesa (en 1993 muchos predecían la muerte inminente de la Alta Costura). Quizá fue ahí mismo, por la televisión, o en ambos, cuando me enteré que había sido invitado por el Instituto Nacional de las Bellas Artes a presentar su exposición, PASADO PRESENTE FUTURO que se había exhibido previamente en Londres (2) y que significaba una retrospectiva de un creador magnífico.

Acudí al llamado cierto día de Agosto de aquel año, estaba de vacaciones, había tomado un trabajo de verano y esperaba noticias sobre el examen que recientemente había presentado para estudiar Dirección de Cine, ya antes había hecho uno para Artes Escénicas con poco éxito para mi pesar. Entonces llegué a la exposición, me recibieron sus fotografías, su cronología y al centro de todo ello, un montaje dramático de un vestido de novia (de su famosa colección de aros), acompañado de un “novio” especie de cosmonauta de cuero sintético negro (3).

Pierre Cardin, 1990.

En aquella cronología pude leer palabras como “prêt-à-porter”, Alta Costura, Licencias, Cámara Sindical de la Alta Costura… casi todo ello desconocido para mí, y entonces entré para presenciar la exposición. Difícilmente podré olvidar esos espacios neutros, blancos en su mayoría (sólo la última sala en la planta alta, completamente negra exhibiendo los modelos más fantásticos para la noche de la última colección y algunas botellas de perfume), los maniquíes, blancos también y sin facciones, que de manera solemne mostraban el logro de las costuras perfectas, las caídas impecables, las pinzas inesperadas (4). Cada pieza representó para mí una enseñanza, para aquel entonces, yo apenas cosía un poco en la máquina que tomaba “prestada” (sin que ella lo supiera) de mi mamá, uniendo lienzos sin saber en realidad como hacerlo, y estructurando de manera bastante burda, prendas de vestir que me venían a la mente, pero una cosa me había quedado clara desde que tuve mi primer periódico en la mano con una reseña de un desfile de París: la moda debía ser eso, la Alta Costura, mitad fantasía, mitad prendas de vestir que nos llevan a un sueño pero que nos hablan de los tiempos que vivimos, y sobre todo, es el dominio de los materiales, a tal grado, que se logre lo que parece imposible.

Pierre Cardin, 1966.

Al ver esas prendas, entonces, supe que hacer moda era darle valor a esos pequeños cortes que ajustan con precisión un vestido, conseguir que un material se fusione con otro, hasta que no se sepa por donde fueron unidos, lograr que las caídas tengan tanta personalidad como la usuaria, de tal manera que la elegancia se encuentre en el pliegue perfecto y redondo que se logra siempre en el mismo lugar, cuando se da un paso. Todo parecía hablarme, invitarme a ser observado y estudiado, en aquel entonces, yo no sabía dibujar, por lo que ni siquiera me arrepentí de no haber llevado un cuaderno, de todos modos, jamás habría podido reproducir con un trazo aquello que estaba viendo, así que debía conservarlo en mi memoria y no generarme frustraciones.

Al subir a la planta alta, una vitrina mostraba solamente las partes altas de una serie de mangas, todas ellas de siluetas formidables, tras del vidrio, visualizar las costuras o pinzas con que se habían logrado resultaba imposible, pero el color blanco de las paredes y de la vitrina misma, contrastando con los colores de los abrigos (muchos de ellos en colores primarios, sólidos y vibrantes) no hacían más que enfatizar que el creador de estas prendas era sin duda el maestro de los tejidos pesados, con cuerpo, en pocas palabras, el domador de los volúmenes perfectos.

Pierre Cardin, 1981.

La última sala, como ya mencioné, fue la apoteosis de esta presentación. Un cuarto completamente negro, con maniquíes del mismo color donde se exhibían los vestidos con los volúmenes más impensables, y que yo había podido ver antes en los periódicos de los que ya hablé… estaban ahora frente a mí, y podía verlos, ¡casi tocarlos!, todos ellos exhibidos contra la pared, de tal manera que parecía más un desfile o el aparador de una tienda de lujo, contrastaba con maestría con el resto de la exposición, donde todos los vestidos podían verse en isletas colocadas al centro de las diferentes salas, de tal manera que era posible rodearlo todo y ver cada aspecto y cada detalle de las prendas. No recuerdo cuanto tiempo pasé allí, ni puedo evocar lo que pensaba, recuerdo a la perfección cada detalle, cada color y cada prenda, recuerdo mi asombro y reconozco esta experiencia de tal manera que la he visto regresar a mi cada vez que me siento a diseñar algo, cada vez que estoy en mi taller ajustando un molde o probando algo de mi colección. Ya lo dijo Mac Avoy, Presidente del “Salón de Otoño” en 1982 “nuestra creatividad, la de pintores y escultores, se proyecta sobre un trozo de tela o un bloque de mármol. La de Pierre Cardin se derrama sobre el material vivo del cuerpo humano…” (5).

Pierre Cardin, 1981.

Mi entusiasmo al salir se desbordaba, prometí regresar a ver esos vestidos, a volverlos a estudiar con detenimiento, me prometí a mí mismo que de alguna manera, no sabía cuál, aprendería a hacer eso que Pierre Cardin dominaba, y me fui y no pude regresar. Al poco tiempo tuve que dejar mi trabajo de verano, no había acreditado mi examen para estudiar Cine, pero tiempo antes había encontrado lo que tanto había buscado sin saberlo, y ese mismo año me matriculé para estudiar Moda. Durante todos los años de mi carrera (y aún de vez en cuando durante todo el tiempo que he ejercido la docencia) volví a visitar el libro de la exposición, del cual extraigo las imágenes que ilustran este espacio.

Pierre Cardin, 1965.

Con el paso del tiempo la Alta Costura que todos creían en agonía (la cual renació tan sólo 3 años después de lo que acabo de relatar) ha evolucionado hacia caminos muy distintos de aquellos que marcaban su rumbo en la primera mitad del siglo XX. Los diseñadores se han vuelto parte de sus propias creaciones, sus vidas personales, escandalosas, atormentadas o sibaritas, se traducen en imágenes que se utilizan para posicionar sus firmas y su trabajo. Seguimos elogiando el talento, pero vivimos en un mundo que le da peso a lo fugaz del impacto mediático y a la noticia de pasquín que caduca pronto y que nos hace hablar de los Creadores de Moda como si fueran estrellas de rock. He llegado a pensar que la longevidad del imperio Pierre Cardin (el cual no ha cambiado de manos) poco nos ha ayudado a comprender el genio de este Creador de Moda, porque somos una cultura que adora lo efímero y encontramos poco interesante aquellos lugares donde las novedades no son grandes sobresaltos que se anuncien de manera teatral, Cardin, por supuesto, está por encima de todo eso independientemente de lo que se opine sobre lo que puede verse en sus aparadores; sus aportaciones a la industria son innegables, pero su vida privada, tan discreta y sobria, lo han mantenido durante los últimos años al abrigo de sus licencias y de lo que alcanzamos a saber de él de vez en cuando. Caminar en París por la Faubourg Saint-Honoré es encontrarse con su casa de Modas y ver entre sus vitrinas algunas de las reproducciones de las piezas que se ven todavía en sus exposiciones, observarlas me ha remontado en más de una ocasión a ese verano donde mi destino quedó ligado a la Moda y al Diseño para siempre, pero poco eco he encontrado en otros del entusiasmo que me embargó cuando visité PASADO PRESENTE FUTURO, que por lo inusual de las exhibiciones de Moda en México ha quedado en el imaginario de tan solo unos cuantos, y de la cual casi no se habla.

Pronto habré de volver a visitar la exposición en uno de los espacios que Pierre Cardin tiene en París (las veces que he visitado la ciudad, por algún motivo he postergado esta visita, quizá porque a la luz de mi experiencia, temo ver con menos asombro este trabajo que tanto admiro), mientras eso ocurre, me quedo con sus frases, y las imágenes que me ha regalado durante todos estos años por medio de ésta exposición, el libro que la acompaña, y la vez que acudí a uno de sus desfiles de Alta Costura, me quedo también con una experiencia prestada de mi amiga Patricia, quién en aquel año acudió a la conferencia de Pierre Cardin en la Universidad Iberoamericana y que suele repetirme de vez en vez:

“La Alta Costura no es un Arte, es una Ciencia…”

Pierre Cardin


Pierre Cardin, 1967.

** Pierre Cardin nació en Venecia, Italia en 1922, pero creció y se educó en Francia, su nacionalidad es francesa. Llegó a París en 1945, trabajó con Paquin, Schiaparelli y Dior, posteriormente intentó trabajar con Balenciaga, sin embargo al ser rechazado por esta casa de Modas, decide abrir su propia casa de Alta Costura en 1950. Creador de un look minimal y futurista, Pierre Cardin lanzó en 1959 su primer prêt-à-porter. Desde entonces ha hecho crecer su empresa a través del modelo de licencias a nivel internacional. Ha sido condecorado con varios reconocimientos, entre ellos “Rouet d’or” en Alemania, la “Basilica Palladiana” en Venecia, y el dedal de otro en tres ocasiones (1977, 1979, 1982) otorgado por la Cámara Sindical de la alta Costura, así mismo, su trabajo ha sido objeto de polémica, y fue expulsado durante un tiempo de ésta misma Cámara en 1959 por haber contradicho el reglamento al crear su colección de prêt-à-porter. Pierre Cardin sigue fiel a su compromiso con la industria de la Moda, sus diseños incluyen mobiliario, una lata para sardinas e incluso su firma puede verse en un chocolate. Cuenta la historia que alguna vez el joven Cardin encontró una adivina en las calles de París, ésta le vaticinó que vería su nombre escrito con letras de oro en las calles más importantes del mundo, hoy Pierre Cardin es un magnate que a pesar de la diversidad de sus intereses empresariales, sigue siendo, antes que nada, un diseñador (6).

Por: Guillermo León.

(*)Mendes Valerie, PIERRE CARDIN, PAST PRESENT FUTURE, Dirk Nishen Publishing, Londres, 1990, pg.5

  1. La Exposición Pierre Cardin, PASADO PRESENTE FUTURO, se presentó en México D.F., en el Museo Nacional de la Estampa del 25 de Agosto al 24 de Octubre de 1993.
  2. Museo Victoria y Alberto en Londres, Inglaterra del 10 de Octubre de 1990 al 6 de Enero de 1991.
  3. Como se establece (el autor) los métodos de instalación utilizados, por ejemplo, por Alfred Barr en el MoMA durante los años ’40 del siglo XX, donde los objetos dialogan entre sí, sosteniendo una relación directa con el espectador, en una posición donde se privilegia la altura promedio de la mirada de los visitantes a la exposición el o los objetos logran un mayor impacto, y sobre todo, un reconocimiento mutuo (espectador-obra) de individualidad e independencia. Staniszewsky, Mary Anne, THE POWER OF DISPLAY, The MIT Press, Massashusets, 1998, Pg 70
  4. Las exhibiciones neutrales, permiten entender mucho mejor la modernidad, ya que favorecen la autonomía de las piezas . Ibid. pg 70
  5. Mendes Valerie, PIERRE CARDIN, PAST PRESENT FUTURE, Dirk Nishen Publishing, Londres, 1990, pg 15
  6. Ibid pp. 7, 16 y 17; Riviere, Margarita, EL DICCIONARIO DE LA MODA, Editorial Grijalbo, España, 1996, pp. 56 y 57.
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One Comment
  1. Susana Goerne Ortiz permalink

    Soy diseñadora de modas en la ciudad de Guanajuato, fue muy interesante el haber leído su visita a la exposición de fotos y prendas de Pierre Cardin en Bellas Artes, es una fortuna el haber sido parte de esto, muchas veces aquí en provincia no nos damos cuenta de las grandes exhibiciones que hay en la gran ciudad, así que viví y disfrute de la lectura con un paseo al museo.
    Gracias

    Susana Goerne

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